28-A Cada 28 de abril recordamos algo que nunca deberíamos normalizar: morir en el trabajo no es inevitable, es evitable. En lo que llevamos de 2026, 10 personas han perdido la vida en Aragón, mientras trabajaban, un contador de la muerte que avergüenza a cualquier sociedad que se considere avanzada. No son cifras: son familias rotas, proyectos truncados y vidas arrebatadas por la falta de prevención.

La seguridad laboral no es un lujo ni un trámite burocrático. Es un derecho fundamental que debe garantizarse todos los días, en cada turno, en cada puesto y en cada empresa. Cumplir la normativa vigente no es opcional: es la frontera que separa un trabajo digno de un riesgo inasumible. Cuando las medidas de prevención fallan —o directamente no existen—, lo que falla es el compromiso con la vida.

Por eso, en este 28 de abril, levantamos la voz para exigir lo obvio: ninguna persona debería jugarse la vida por ganarse la vida. La prevención salva vidas, la formación protege, la vigilancia evita tragedias y la responsabilidad empresarial marca la diferencia entre volver a casa o no hacerlo. No queremos minutos de silencio; queremos medidas, recursos y cumplimiento real.

Recordamos a quienes ya no están y luchamos por quienes sí están. Porque trabajar no puede costarnos la vida. Porque cada muerte en el trabajo es una muerte evitable. Porque la seguridad laboral es justicia social.